miércoles, 16 de febrero de 2011

Anhelos de la parroquia de San Blas

29 enero 2011 el carabobeño

Subdelia Páez de Sevilla


San Blas, una de las primigenias parroquias fundadas a lo largo del valle de lo que es hoy la Gran Valencia, situada geográficamente al este de la ciudad y bañada por los luminosos rayos del sol, apenas despunta la aurora que le transmite a todos sus laboriosos habitantes la energía y la entrega necesarias para dedicarse con ahínco al trabajo creador y asumir el reto de ser una de las protagonistas junto con las parroquias Catedral, Santa Rosa, La Pastora, Palotal, Candelaria, entre otras, de la construcción de nuestra amada ciudad.
El mes de febrero tiene gran significación para esta populosa parroquia, pues el día 3 el santoral católico lo señala como Día de San Blas, obispo mártir natural de Armenia, región del Asia, que es reconocido internacionalmente como protector de la garganta, motivo por el cual todos los feligreses: niños, jóvenes, adultos y ancianos, asisten a las celebraciones religiosas en búsqueda de la bendición milagrosa de la garganta e igualmente muchos de los nativos de ese lugar van como en romería, ansiosos de visitar su parroquia y en solicitud de ese aceite milagroso al que le tienen tanta fe y piden al Santo Patrono la salud y protección de la garganta. El templo de San Blas inicia su incorporación histórica en el año 1883, siendo su primer párroco el padre Febres Cordero, después del primer tercio de 1990 llegaron a esa comunidad eclesial los sacerdotes de la Congregación Pasionista, dirigiéndola con mucha entrega, afecto y servicio misional, dejando una estela de principios espirituales y convivencia familiar y fraterna imposible de olvidar, su labor es imperecedera y siempre será recordada por muchas generaciones. Presbíteros Policarpo Macaya, Martín de la Fuente, Marcial Alonso, Victorino Sevilla, José Nunes, entre otros; a partir del año 2000 la Congregación Pasionista entregó al Clero Diocesano el Gobierno de esa parroquia y hoy se encuentra dirigiéndola con gran fervor y entrega, acrecentando el amor a Dios y el amor al prójimo el presbítero Julio Rodríguez. San Blas conserva mucho de ese pasado que a veces parece que se nos fuera de las manos y sólo late en nuestra memoria y en el recuerdo, inolvidables su iglesia de arquitectura neoclásica, su Plaza Páez y su Plaza La Glorieta, sus casas alineadas en forma geométrica como el rectángulo y el recuadro, como era la costumbre española. La parroquia comparte los límites con el Puente Morillo que delimitaba las parroquias Catedral y San Blas. La peculiar idiosincrasia de sus habitantes, que les han endilgado el connotado término de "morreños" y "mata santos", adjetivos que han unido y hermanado con afecto a todos los oriundos de esa progresista parroquia, raíz propulsora de muchos antepasados que tienen en su árbol genealógico ascendientes de ese hermoso sector valenciano. San Blas merece como parroquia ser tratada con extremo celo y conservar para la posteridad ese emblemático sector lleno de historia y de entrega en pro del progreso de la ciudad. Su templo requiere con urgencia ser restaurado en sus pinturas y en sus techos, sus plazas y zonas verdes, mantenimiento y reforestación, la zona de la Autopista del Este pide a gritos iluminación y vigilancia policial, pues en los últimos días han ocurrido hechos delictivos y graves accidentes que deben ser controlados enérgicamente por las autoridades competentes. Los sanblasinos, llámense "morreños" o "mata santos", tienen un gran reto: cuidar a su parroquia con orgullo, mantener limpias sus calles y frentes de sus casas y el gobierno estadal y el municipal garantizarles el disfrute, los derechos elementales de todos los ciudadanos; seguridad, buena vialidad, servicios de aseo urbano, para que todas las actividades que se desarrollen en ese entorno parroquial: religiosas, deportivas, educativas, asistencia social, familiares y de participación de la comunidad, estén enmarcadas dentro de un ambiente de fraternidad, amor y paz.

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